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Posibles actos de corrupción en Chignahuapan

Nepotismo y Posibles Actos de Corrupción en la Remodelación de la Presidencia Municipal de ChignahuapanEl alcalde de Chignahuapan, Juan Rivera Trejo, adjudicó directamente un contrato por 3 millones 583 mil 406 pesos a la empresa RIVA Acabados Residenciales, propiedad de su hermano Isaí Rivera Trejo, para llevar a cabo la remodelación de las instalaciones de la presidencia municipal. Este procedimiento, realizado sin licitación pública, plantea serias interrogantes sobre posibles conflictos de interés y actos de corrupción, ya que involucra recursos públicos en un negocio familiar. La obra incluyó la renovación de espacios específicos dentro del edificio municipal, como oficinas y salas de reuniones, y fue promocionada en las redes sociales de la empresa contratada, donde se destacan imágenes de los acabados realizados. Esta asignación directa evade los mecanismos de competencia que buscan garantizar transparencia y eficiencia en el uso del erario, abriendo la puerta a sospechas de favoritismo y malversación de fondos.
En un contexto donde la ley federal y estatal prohíben el nepotismo en la administración pública, este caso ejemplifica cómo las relaciones familiares pueden influir en decisiones administrativas, potencialmente violando normas éticas y legales que obligan a los funcionarios a actuar con imparcialidad. La falta de un proceso competitivo no solo limita la participación de otras empresas locales, sino que también podría inflar costos o reducir la calidad de los trabajos, afectando directamente a los contribuyentes de Chignahuapan, un municipio turístico que depende de una gestión eficiente para mantener su atractivo económico.
La participación de otro hermano del alcalde, Eduardo Rivera Trejo, como jefe del área de Adquisiciones en el ayuntamiento, agrava las sospechas de corrupción sistemática. Esta posición clave le permite supervisar procesos de compra y contratación, incluyendo posiblemente la revisión del contrato adjudicado a Isaí, lo que configura un claro conflicto de interés. En México, la Ley General de Responsabilidades Administrativas califica como grave el nepotismo cuando implica beneficios económicos directos a familiares, pudiendo derivar en sanciones como inhabilitaciones o multas.
Este patrón familiar en el gobierno municipal de Chignahuapan no es aislado; antecedentes revelan que la administración de Rivera Trejo ha sido señalada por integrar a parejas y parientes en cargos importantes, como tres matrimonios ocupando puestos clave en el ayuntamiento, a pesar de prohibiciones explícitas del partido Morena contra tales prácticas. Estas acciones no sólo erosionan la confianza pública, sino que también podrían encubrir redes de influencia que priorizan intereses privados sobre el bien común, en un municipio donde el turismo y la agricultura demandan inversiones transparentes.
Más allá del contrato específico, el gobierno de Juan Rivera Trejo ha enfrentado críticas por irregularidades adicionales que sugieren un patrón de corrupción arraigado.
Por ejemplo, trabajadores del ayuntamiento han denunciado retrasos en pagos de aguinaldos y prestaciones, atribuidos a problemas financieros que podrían vincularse a mal manejo de recursos, incluyendo adjudicaciones opacas como la remodelación. Históricamente, la familia Rivera ha sido asociada con cacicazgos políticos en Chignahuapan, donde el viejo PRI —al que pertenecieron— se caracterizaba por nepotismo y control territorial, elementos que persisten pese al cambio de partido.
En 2024, reportes locales destacaron cómo estos lazos familiares han impedido reformas contra la corrupción, con electores obligados a elegir entre opciones viciadas. La remodelación, aunque presentada como una mejora necesaria para el edificio municipal, se convierte en emblema de cómo el poder se ejerce para beneficio propio, potencialmente violando la Constitución y leyes anticorrupción que exigen licitaciones abiertas para contratos superiores a ciertos montos.
Esta situación demanda una investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción de Puebla y la Auditoría Superior del Estado, para determinar si hubo sobreprecios, simulación de servicios o desvío de fondos, protegiendo así el patrimonio público de un municipio vulnerable a la influencia de clanes familiares.

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